El viajero que se adentre en el valle de Cabuérniga por Cabezón de la Sal, quedará extasiado ante un paisaje siempre verde, donde la arquitectura tradicional armoniza con bosques, prados, brañas y casonas que salpican este paraje cántabro atravesado por el río Saja y sus afluentes. La Hoz de Santa Lucía es un buen punto para iniciar el camino hacia Ruente, es el mismo que siguieron los foramontanos en el siglo IX.

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Paseo a ‘La Fuentona’

Ruente ofrece buenas muestras de arquitectura civil, como la casa La Nogalea, pero, sobre todo, es famoso por la surgencia llamada ‘La Fuentona’ que, tras pasar bajo un puente de ocho arcos, se funde con el Saja.
Camino de la cabecera del valle pasamos por Barcenillas, donde se alza la casona de Calderón de la Barca, y Sopeña, lugar de nacimiento de Manuel Llano, ‘el poeta de La Montaña’, hasta llegar a Valle de Cabuérniga. Allí destacan la casona de Rubín de Celis y la torre de González Linares.

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La antigua Kaórnega

Las aldeas de casas tradicionales se suceden. Terán destaca por la torre de Terán y La Castañera, un bosque de árboles retorcidos sobre la necrópolis medieval de Kaórnega.
Selores y Renedo, casi pegados, nos vuelven a ofrecer casonas blasonadas y muchas piedras antiguas. Destacan en su doble función de monumento y hotel, el Palacio Camino Real, casona del siglo XVIII, en Selores.

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Final en Bárcena Mayor

Bárcena Mayor aparece con toda su belleza al fondo del barranco del río Argoza. Es el final de nuestro viaje por Cabuérniga. Es una aldea perdida que conoció tiempos mejores hasta su restauración a partir de 1979, fecha en la que fue declarada conjunto histórico-artístico. Sus calles vieron pasar a los romanos y a Carlos I, cuando venía de Asturias.

Pero Bárcena no es sólo historia, sino un pueblo vivo en el que cada una de sus casonas de piedra, casas de madera, ventanucos, zaguanes, corraladas y callejones nos retrotrae en el tiempo. La mejor manera de visitarlo es a pie.
Los caminantes tienen la posibilidad de seguir la ruta de Carlos I, llamada ‘Fuentes Claras’, para llegar a los pueblos altos de El Tojo y Colsa, este último vacío en invierno. En coche se sube desde el cruce La Punvieja.

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Hacia Palombera

Desde Colsa, un viejo camino descendía hacia Saja, último pueblo del valle a orillas de río del mismo nombre. Allí comienza la carretera de La Palombera. Son 15 kilómetros de subida, con parada obligatoria en el Mirador del Castrón. La ruta es solitaria y atraviesa un inmenso bosque de hayas y robles centenarios. Cerca del alto está la famosa Venta Tajahierro.